Resumen:
El mantenimiento del arbolado muerto en pie es una de las mejores prácticas de manejo forestal recomendadas para la conservación de la diversidad de bosques y selvas (Vargas, 2013). Los árboles total o parcialmente secos constituyen un elemento fundamental del hábitat de animales que dependen de ellos para su anidación, reproducción, alimentación, descanso o protección; principalmente aves y murciélagos (Spiering y Knight, 2005; Chávez-León, 2017).
En este folleto se presenta información sobre la variación regional de los árboles muertos en pie registrados en las bases de datos del Inventario Nacional Forestal y de suelos (INFyS). Se compararon sus características dasométricas, como diámetro, altura y densidad por ecosistemas y formaciones vegetales arboladas de 10 estados de México; así como su uso por las aves silvestres. Se espera con ello, contribuir a perfeccionar la calibración de los lineamientos de aplicación de la mejor práctica de retención de dichas estructuras, y a la actualización de la NOM-061-SEMARNAT-1994 (Semarnat, 2003), la cual establece las especificaciones para mitigar los efectos negativos ocasionados por las actividades del aprovechamiento de los bosques en la flora y fauna silvestres.
La aves seleccionan el sitio donde construyen u ocupan cavidades, lo que depende de su tamaño corporal; del diámetro, altura y estado de deterioro del árbol; de la composición florística, fase sucesional y tipo de vegetación del sitio; de la disponibilidad de alimento en los alrededores; de la protección contra los depredadores; y la orientación del acceso al nido respecto al sol, con el fin de regular la temperatura en su interior (Gibbs et al., 1993). En ese sentido, se define como la cavidad un agujero en un árbol con una abertura de entrada mínima de 2 cm de ancho y una profundidad interna de 8 cm (Vázquez y Renton, 2015). Por lo tanto, no todos los fustes secos disponibles son utilizados, sino solo aquéllos que reúnen las características antes mencionadas.