Resumen:
El suelo es uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la vida en el planeta. Su conservación, por lo tanto, compete a todos los sectores productivos, políticos y sociales. El incremento exponencial de la población, y la creciente demanda de alimentos, han atraído la atención en las últimas décadas hacia la implementación de prácticas de conservación de este recurso no renovable. De la misma forma, la investigación científica en esta materia se ha incrementado, cambiando creencias previamente establecidas como la que consideraba el suelo como un sustrato inerte compuesto por minerales, materia orgánica y agua; hoy en día se ha evidenciado la importancia de la biodiversidad del suelo y su rol fundamental en el mantenimiento de numerosos servicios ambientales primordiales para el ser humano, como la regulación del clima, el suministro de agua y la producción agrícola
Los servicios hidrológicos del suelo, también se relacionan con su actividad biológica que mantiene en gran medida sus propiedades estructurales con implicaciones directas e indirectas en el suministro de agua y el mejoramiento de su calidad. En particular, los organismos que influyen en la porosidad del suelo tienen un efecto sobre el movimiento del agua, el aire y los nutrientes a través de diferentes perfiles. Esto incluye a los hongos, lombrices y comunidades de insectos que construyen galerías (p.e. hormigas y termitas), además de algunos vertebrados. Esta visión holística del suelo proporciona un mejor entendimiento de la importancia que tiene promover su conservación a través de prácticas como las ilustradas en este desplegable.